Existen esas personas talentosas a las cuales pareciera que todo les sale sin esfuerzo, sin trabajo extra y de una manera muy natural. También existen aquellas a las cuales les cuesta un poco mas conseguir desarrollar sus habilidades y se ven como personas con “menor habilidad”.

 

En cierta manera el talento natural aguarda dentro de cada persona para ser descubierto casi como de casualidad por una situación o experiencia que nos lleva a querer aprender o disfrutar de algo en particular. Cada persona es una mundo diferente y por ende un talento diferente, lo cual me lleva a decir que en realidad, todos tenemos talento y solo hace falta descubrir en que situación o disciplina ese talento surge y se ve reflejado.

 

Sin embargo, el talento no alcanza. Nunca alcanzó. Es solo un porcentaje menor en el desarrollo que uno realiza a través del esfuerzo y la constancia del trabajo diario, de la dedicación y perseverancia con la que se afronte la actividad que realicemos.

 

A pesar de que para realizar una actividad la mayor parte de las veces no hay atajos, el camino de la perseverancia no es un camino de sufrimiento sino todo lo contrario, un camino de amor y descubrimiento, de dedicación no hacia la actividad, si no hacia uno mismo, descubriendo todos esos rincones de nuestro ser que aun aguardan por salir a la luz.

 

También es un camino de paciencia, de resistir la tentación de lo express. Todo llega y los frutos caen cuando están preparados para hacerlo, no antes, ni después. Y en esta época en la cual todo pareciera ser imposible y las comparaciones solo el único camino, recuerda que el único “enemigo” que hay que vencer y conquistar a diario con la paciencia y perseverancia, es uno mismo.

 

Compartir, no competir, te hace ser la mejor version de ti mismo. Esforzarte y vencer tus propias sombras, también.

Paz.